miércoles, 2 de mayo de 2012

Lenore


¡Oh!¡La copa de oro está rota! El espíritu ha huído para siempre
Que suenen las campanas Un alma Que suenen las campanas
Un alma santa flota sobre el río Estigio, y tu, Guy de vere, ¿no tienes lágrimas?
¡Llora ahora, o nunca más!¡Mira! Encima de este rigido y lugubre coche mortuorio, yace tu amor.
¡Lenore!¡Venid! Dejad que el oficio de difuntos se lea, que el cántico mortuorio se cante, un himno para la reina muerta que murió tan jóven...Un cantico fúnebre para ella, dudosamente muerta, porque murió tan jóven.
¡Miserables! La queráis por su riqueza y la odiabais por su orgullo, y cuando su salud endeble, la bendijisteis porque moría ¡¿Como, entonces, sera leído el ritual?! El requiem cantado por vosotros, por ti, mirada oscura; por ti, lengua calumniosa que habéis causado la muerte de la inocencia que muriera tan jóven.
Precavimos: ¡pero no delireis más!¡Y que el canto del Sabbath suba hasta Dios tan solemnemente que la muerte no sienta ningun mal! La dulce Lenore ha ido adelante con la esperanza volando al lado.
Dejándole en el dolor a causa de esa querida criatura que habría sido tu esposa. Ella, la bella, atractiva que ahora yace tan profundamente Con la vida en la dorada cabellera, pero no en los ojos. La vida todavía en la cabellera, muerte en los ojos...
¡Atrás! Esta noche tengo el corazón ligero. ¡No voy a soltar un lamento, sino ver flotar al ángel en su vuelo con un elogio de los viejos tiempos!
¡Que no doblen las campanas! Por temor de su dulce alma, en su alegria religiosa pudiera captar las notas, cuando flotan hacia arriba, desde la tierra maldita, hacia los amigos de arriba, desde los amigos de abajo, escapa el espíritu indignado, huyendo del infierno, hacia el cielo, dejando los lamentos y los llantos, por un trono dorado, al lado del Rey de los cielos.